27 de septiembre.
Hoy he ido con mi futura suegra y mi futura cuñada a probarme vestidos de novia. íQué horror! Cada uno que me probaba era peor que el anterior, y con todos ellos parecía un merengue recién horneado.
No entiendo por qué a todas las mujeres les hace tanta ilusión pasarse el día de su boda llevando un atuendo que les hace parecer un postre sobredimensionado. ¿Será para hacer realidad eso que suelen decir los hombres de “estás para comerte”? Ahora me está entrando un poco de miedo de que alguien me quiera comer de verdad. ¿Y si no pueden distinguir entre el pastel de bodas y yo?
Ya, ya sé que la diferencia entre una mujer vestida de novia y un pastel de bodas es obvia: la mujer se mueve y el pastel no. Sin embargo, esa diferencia puede dejar de existir al cabo de unas horas de llevar puesto el vestido, que pesa como un muerto.
Me pregunto si en los cursillos prematrimoniales que hace la gente que se casa por la iglesia habrá alguna asignatura de supervivencia en casos extremos. Eso explicaría como no hay más casos de “muerte de novia por aplastamiento de vestido de bodas”.
Todo esto, por supuesto, sin hablar de los zapatos. No pienso ponerme tacones, eso seguro. Mi madre dice que debería hacer el esfuerzo, y que si practico un rato todos los días, terminaré por acostumbrarme. Yo no estoy muy convencida de ello. Es más, la última vez que me puse tacones ya intenté eso de acostumbrarme poco a poco y no hubo manera. Al final terminé quitándomelos el día que los usé por primera vez para salir a la calle, y pasé toda la noche descalza. Así que está decidido, nada de tacones.
Los hombres sí que tienen suerte. Ellos no tienen que disfrazarse de tarta de nata, ni ponerse zancos. Ramón protesta mucho del traje, dice que es incómodo y que le molesta la corbata, pero no puede ser ni de lejos tan incómodo como los malditos ligueros que tengo que llevar yo, que me pegan pellizcos de monja experta, y, además, se resbalan sin parar.
Ayer en la tele salió un desfile de moda en memoria de Yves Saint Laurent. ¡Ese sí que entendía a las mujeres! Por haber inventado el smoking femenino, deberían darle el premio nobel. Lástima que, aunque todo el mundo considera que es una idea genial, su uso no se haya generalizado. Estaría bien poder casarme con traje y corbata en lugar de con el pesadísimo vestido de merengue.